Soneto a la araña perdida.
Erase una pequeña negra araña
que en mi alegre cuarto rosa moraba.
Su tela tejió en un rincón, malvada;
con gran sigilo, invisible y huraña.
Una noche de San Juan con luna llena,
mientras yo dormía bajo dosel tranquila,
valiente se acercó hasta mi camita;
y de picotazos rojos me llenó entera.
Ni rastro quedó de su invisible lecho:
de ira a mi mamá llenó, y certera,
¡de un escobazo la aplastó en el techo!
A la siguiente noche yo dormí serena,
con cierto resquemor dentro de joven pecho
pues el bichito murió por mi condena.
Luz Rodríguez
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| Un dibujo de Claudia Serrano |







