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domingo, 30 de junio de 2013

La araña huraña.

Soneto a la araña perdida.



Erase una pequeña negra araña
que en mi alegre cuarto rosa moraba.
Su tela tejió en un rincón, malvada;
con gran sigilo, invisible y huraña.

Una noche de San Juan con luna llena,
mientras yo dormía bajo dosel  tranquila, 
valiente se acercó  hasta mi camita;
y de picotazos rojos me llenó entera.

Ni rastro quedó de su invisible lecho:
de ira a mi mamá llenó, y certera,
¡de un escobazo la aplastó en el techo!

A la siguiente noche yo dormí serena,
con cierto resquemor dentro de joven pecho
pues el bichito murió por mi condena.

Luz Rodríguez
dibujo-infantil-araña
Un dibujo de Claudia Serrano

domingo, 12 de mayo de 2013

Domando al domador.

150 palabras, incluyendo: Inspiración, Tigre y muñeca. 


 El tigre estaba harto de vivir en una jaula y trabajar en estúpidos números de circo inventados por un domador mediocre ¿Pero qué podía hacer un animal salvaje como él que había nacido en el circo y no sabía ni cazar?
 Aquella tarde cuando sonó la música que indicaba el momento de salir al escenario, con la grada repleta, se fijó en algo que colgaba de la muñeca del domador y le vino la inspiración.
 En su salto estelar, cuando el domador subía altísimo con un arco ardiente en una mano que él debía atravesar, el tigre se lanzó a gran velocidad hacia el otro brazo, y rozando la muñeca le arrebató con sus colmillos la llave de la jaula.
Al aterrizar sobre la arena luciendo la llave arrancó del público los mayores aplausos de su carrera profesional, convirtiéndose así en el mejor tigre de la historia del circo.

 Luz Rodríguez

miércoles, 1 de mayo de 2013

el arco iris mágico

Erase una vez hace algunos años, un parque de una ciudad en el que había un árbol grande donde vivían un montón de pájaros de vivos colores. Siempre estaban alegres y cantaban, y eran la atracción para los niños que pasaban por el lugar. Cada tarde después de la escuela muchos padres iban con sus hijos al parque con migas de pan para echar a los pájaros de colores y así poder verlos más de cerca, a cambio los pajarillos les cantaban alegrando el atardecer. Eran preciosos, algunos rojos, naranjas y amarillos dorados, otros violeta, azules o verdes brillante. Sobre el verde césped parecían aún más bonitos.

dibujo abstracto en grisPero con el tiempo la ciudad cada vez era más gris. El número de coches y autobuses crecía, y cada automóvil echaba todos los días un montón de humo negro a las calles. Las chimeneas de la calefacción también iban poco a poco cada día contaminando el aire, ensuciando las fachadas de gris, las aceras, los cristales de las casas… Poco a poco todo se oscureció por el humo y la contaminación. El parque dejó de ser un espacio verde, los animales se fueron marchando de allí, las aguas del estanque estaban muy sucias y las tortugas y pececillos no sobrevivieron. Los pajarillos de colores habían notado que cada vez los niños les hacían menos caso, y era porque estaban perdiendo su brillo y su color. El verde brillante era ya gris verdoso, el amarillo ya no era dorado sino ceniciento, el rojo era oscuro. Y así se fueron convirtiendo en pájaros grises y negros, igual que el resto de la ciudad, y al dejar de recibir las visitas de los niños se pusieron tristes y dejaron de cantar. EL parque ahora además de gris, se quedó en silencio.

Un día los pájaros decidieron que aquello no podía continuar así, aquel lugar ya no les hacía felices. Ellos no tenían porqué morir allí de pena, ya que tenían alas. Y por primera vez en muchas generaciones los pajarillos decidieron volar y buscar un lugar mejor.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Croc, el cocodrilo horticultor

Tiempo para historias...

manualidades-plátano               Érase una vez un cocodrilo que se llamaba Croc y tenía un coche rojo con forma de pimiento. El señor Croc se dedicaba a cultivar frutas y verduras en su huerta y llevarlas hasta la aldea para repartirlas entre todos los niños. Sabía que los niños necesitan comer muchas frutas y verduras todos los días para crecer fuertes y sanos ¡Era un cocodrilo muy generoso! Y los niños le querían mucho.

                Un día recolectó y llenó el carrito de su coche con plátanos, peras, manzanas, fresas, brócoli, naranjas, y otras muchas verduritas. Su carro iba repleto, y la última verdura era una gran zanahoria. Como ya no cabía nada más en el carrito, el cocodrilo decidió colgar la zanahoria en su casa, bastante alta para que otros animales no llegaran y se la comieran. Sabía que la zanahoria era especialmente buena para la vista de los niños.