Erase una vez un niño que era más bajito que el resto de los
niños de su edad, pero estaba convencido de que algún día podría alcanzar la
luna. Todo el mundo le decía: “Es imposible, la luna está muy lejos, colgada en
el cielo, y nadie puede alcanzarla…” Pero él estaba maravillado con ella: con
la luna llena, redonda, blanquita; era una cara alegre que le miraba desde el
cielo con una gran sonrisa brillante. Cada noche la buscaba, a veces no la
encontraba, pero cuando la linda carita de la luna le miraba desde el cielo
observaba que le seguía todas partes. Pensaba: “¿Cómo dicen que la luna está
colgada en el cielo, si ella me persigue a todas partes?”, y se imaginaba poder
estar cara a cara con ella... Un
día su profesora le pidió que pintara algo que le gustara mucho hacer. Él lo
tenía muy claro y pintó una gran luna llena, redonda, con una sonrisa; y se
pintó a sí mismo acariciando la sonrisa de la luna. Cuando sus compañeros
vieron el dibujo se rieron: