Educando sin castigos...
Habréis observado que la mayoría de los niños son felices cuando agradan a quiénes les importan, y una sola palabra de aprobación de esas personas que tienen como referencia (sus padres en la mayoría de casos) les da la seguridad que necesitan para continuar ya sea con una labor nueva o difícil como con una actitud o comportamiento que los padres indican como correcto. Nos damos cuenta de que a veces no es necesario regañar o castigar los comportamientos de nuestros hijos que nos desagradan ya que nuestra propia indiferencia es para el niño un castigo en sí, lo que espera y más valora no es otra cosa que nuestra atención y nuestra aprobación.
En ocasiones es
suficiente con unas palabras como“bien hecho” o “eres un campeón”, un
cariño, o algo de atención extra; pero qué pasa cuándo merecen algo mejor, cuándo queremos remarcar lo que han hecho, ¿cómo premiar entonces? Lo que no queremos es estar haciendo
regalos materiales a todas horas, o premiar con golosinas que de sobra sabemos
que no son buenas para su salud. Pues bien, aquí va una idea de premio que
utilizan en los colegios y yo la adapté en mi familia hasta crear nuestra propia constelación: