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domingo, 26 de mayo de 2013

En el taller de costura.

En 150 palabras, y conteniendo las siguientes: aguja, ojo y miel.


Mi tía tenía unos enormes ojos color miel. Los recuerdo muy bien mirando a través del ojo de una aguja para enhebrarla:
- ¿Quieres ayudarme? Ya no veo bien.
Y yo practicaba con gusto, hacía falta vista pero también habilidad.
Pasaba algunas tardes en su taller de costura donde aprendí a hacer vestiditos para las muñecas con pequeños retales: Recortaba y doblaba a la mitad un cuadrado pequeño de tela y con las tijeras hacíamos un agujerito cerca del doblez, de la anchura de los brazos. Al separar la tela ya teníamos una camiseta sin mangas. Después cosía un botón y un ojal para poder cerrar la blusa por detrás.
Al final de la tarde llegaba la hora de recoger... Entonces mi tía me daba un imán que yo pasaba por todas partes. ¡Increíble! el imán era capaz de detectar y atraer alfileres a gran velocidad, haciendo la tarea sumamente divertida.

Luz Rodríguez

sábado, 18 de mayo de 2013

La extraña cigüeña.

En 150 palabras, incluyendo: colegio, nido y extraño.


Frente a mi colegio hay una iglesia y en lo alto del campanario hay un nido enorme.
Cada mañana a la misma hora veo un gran ave posarse en el nido llevando algo en el pico. Me parece extraño. Es siempre cuando el recreo acaba y suena el timbre para volver a clase.
Pregunté qué ave era aquella y me dijeron: "una cigüeña". ¡Esa es la que mamá me dijo que traía los bebés!- pensé...- ¿Será que los tiene ahí dentro del nido? ¿Y cómo los alimentará? ¿Con su propia leche?
- Profe, ¿La cigüeña es mamífero?
- ¡No, no! ¡pone huevos!
Entonces..., pensaba yo, ¿Cómo alimenta a los bebés hasta que los lleva con sus familias?
A la mañana siguiente en el patio, tras la merienda, estuve atenta al ave; así fue cómo descubrí que bajaba a por el mini-brick de leche que yo nunca acabo y tiro a la papelera cada día.

Luz Rodríguez

domingo, 12 de mayo de 2013

Domando al domador.

150 palabras, incluyendo: Inspiración, Tigre y muñeca. 


 El tigre estaba harto de vivir en una jaula y trabajar en estúpidos números de circo inventados por un domador mediocre ¿Pero qué podía hacer un animal salvaje como él que había nacido en el circo y no sabía ni cazar?
 Aquella tarde cuando sonó la música que indicaba el momento de salir al escenario, con la grada repleta, se fijó en algo que colgaba de la muñeca del domador y le vino la inspiración.
 En su salto estelar, cuando el domador subía altísimo con un arco ardiente en una mano que él debía atravesar, el tigre se lanzó a gran velocidad hacia el otro brazo, y rozando la muñeca le arrebató con sus colmillos la llave de la jaula.
Al aterrizar sobre la arena luciendo la llave arrancó del público los mayores aplausos de su carrera profesional, convirtiéndose así en el mejor tigre de la historia del circo.

 Luz Rodríguez

domingo, 5 de mayo de 2013

Mi primera boda.

En 150 palabras, incluyendo: fiesta, sol, verano.


Era verano, lucía un sol radiante. Mamá me vistió un traje de fiesta rosa y fuimos a mi primera boda. En un precioso jardín decorado con lazos y bajo un arco de rosas rojas, junto a los músicos, esperaba un príncipe. Sonaron violines, de un coche de caballos bajó una hermosa princesa vestida de blanco.

De repente sonó un trueno, y empezó a soplar un
viento loco.
- El tiempo está cambiando- dijo mamá.
- ¡El tiempo es un monstruo!- respondí asustada- ¡cómo ruge!
Los lazos y el arco de rosas volaron. Comenzó a llover. La princesa estaba asustada, mojada y triste.
El príncipe se acercó, la cubrió con su chaqueta y la acompañó al lugar donde esperaban los músicos, callados por los truenos. Besó a la princesa y la tormenta cesó. Salió un precioso arco iris sobre ellos bajo el que se casaron.
- El tiempo es un monstruo bueno, pensé.
Nunca más me asusté de una tormenta.



miércoles, 1 de mayo de 2013

el arco iris mágico

Erase una vez hace algunos años, un parque de una ciudad en el que había un árbol grande donde vivían un montón de pájaros de vivos colores. Siempre estaban alegres y cantaban, y eran la atracción para los niños que pasaban por el lugar. Cada tarde después de la escuela muchos padres iban con sus hijos al parque con migas de pan para echar a los pájaros de colores y así poder verlos más de cerca, a cambio los pajarillos les cantaban alegrando el atardecer. Eran preciosos, algunos rojos, naranjas y amarillos dorados, otros violeta, azules o verdes brillante. Sobre el verde césped parecían aún más bonitos.

dibujo abstracto en grisPero con el tiempo la ciudad cada vez era más gris. El número de coches y autobuses crecía, y cada automóvil echaba todos los días un montón de humo negro a las calles. Las chimeneas de la calefacción también iban poco a poco cada día contaminando el aire, ensuciando las fachadas de gris, las aceras, los cristales de las casas… Poco a poco todo se oscureció por el humo y la contaminación. El parque dejó de ser un espacio verde, los animales se fueron marchando de allí, las aguas del estanque estaban muy sucias y las tortugas y pececillos no sobrevivieron. Los pajarillos de colores habían notado que cada vez los niños les hacían menos caso, y era porque estaban perdiendo su brillo y su color. El verde brillante era ya gris verdoso, el amarillo ya no era dorado sino ceniciento, el rojo era oscuro. Y así se fueron convirtiendo en pájaros grises y negros, igual que el resto de la ciudad, y al dejar de recibir las visitas de los niños se pusieron tristes y dejaron de cantar. EL parque ahora además de gris, se quedó en silencio.

Un día los pájaros decidieron que aquello no podía continuar así, aquel lugar ya no les hacía felices. Ellos no tenían porqué morir allí de pena, ya que tenían alas. Y por primera vez en muchas generaciones los pajarillos decidieron volar y buscar un lugar mejor.

domingo, 28 de abril de 2013

La isla de las maravillas.

En 150 palabras, incluyendo: Manzana, Volcán y Río.


En la Isla del Volcán de las Maravillas, donde vivían los dinosaurios alados, hacía mucho tiempo que no llovía y ya no tenían ni tulipanes para comer. Hasta el Río Rosa se había secado y algunos dinosaurios volaron hacia el continente buscando sustento. Pero muchos no quisieron abandonar su hermosa tierra y pedían a mamá naturaleza algo de ayuda.

Una tarde, el Gran Dinosaurio Abuelo tenía tanta hambre que le sonaron las tripas estruendosamente, haciendo retumbar la tierra y provocando al gran volcán que entró en una tremenda erupción. Miles de manzanas salieron de dentro como una gran lluvia frutal. Manzanas frescas o aliñadas, en compota y asadas o mermelada de manzana, sirvieron de alimento a los dinosaurios que dieron gracias a la madre naturaleza por aquella maravilla. El Abuelo les contó cómo fueron sus antepasados, en época de bonanza, quiénes almacenaron al frescor del cráter miles de manzanas.

sábado, 20 de abril de 2013

El arlequín sonriente

En 150 palabras, incluyendo: globo, flor, sonriente.


El domingo en el parque se me acercó un arlequín que llevaba una flor en una mano y un globo acorazonado en la otra y me dijo:
dibujo-flor- Hola, soy el arlequín sonriente. Pequeña, elige lo que más te guste, globo o flor, y te regalo una sonrisa.
Me encantan las flores pero el globo era tentador, como la flor se marchitaría decidí globo.
- Toma, es tuyo- y el arlequín sonrió.
Papá me dio una moneda para entregarle y yo le pregunté:
-¿Hay que pagar?
- No es necesario- me contestó- basta con que me regales una sonrisa.
Sonreí de corazón y entonces él me entregó también la flor. Y cuando tuve los dos preciados regalos en mis manos descubrí que lo que más me había gustado fueron las sonrisas. Así que los regalé a otros niños a cambio de hermosas sonrisas fugaces. La flor se secó y al globo se lo llevó el viento.


lunes, 11 de marzo de 2013

el árbol de la verde sonrisa

jardin-niño-arbol-dibujo

Tiempo de contar...

Erase una vez un niño llamado Yusif que no tenía hermanos y pasaba mucho tiempo en casa de su abuela, una casa de campo con un jardín muy bonito. Sus padres le llevaban mucho allí porque en la ciudad se aburría. Cuando llegó el verano la abuela le dijo:

- Ahora que ha llegado el buen tiempo, podremos salir al jardín y pasarlo muy bien.

Y cada día que visitaba a la abuela salían fuera a jugar. Como por allí por el campo no había muchos más niños, Yusif se buscó un pintoresco amigo; era un arbolito que estaba en el medio del jardín de la abuela. Era chiquitito, de su tamaño, y tenía hojas verdes brillantes. Como le alcanzaba bien, le ponía todas sus ropas ¡su gorra de visera le quedaba fenomenal! También jugaba con el arbolito a tirarle aros y acertar para que se enredaran en sus ramas, le colgaba una cesta para jugar al basket, y le daba de beber agua con la manguera cuando la abuela le decía que el árbol tenía sed. Fue su inseparable amigo todo el verano.

viernes, 1 de marzo de 2013

estrellas en un cajón

Tiempo de contar cuentos...

Erase una vez una niña que había empezado a ganar en el colegio estrellas por hacer trabajos espléndidos. Hasta entonces no prestaba mucha atención a las tareas que mandaba su profe, pero un lunes les pidió dibujar algo que les hubiera gustado de su fin de semana. La pequeña se acordó de lo bien que lo había pasado con su abuela echándole pan a los patos del pantano y se propuso dibujarlo con vivos colores, quedó tan bonito que se ganó la pegatina de oro, una estrella dorada que le colocó su profe en el dibujo, su primera estrella dorada que significaba que era el mejor trabajo de la clase.

Su fantástico dibujo recorrió el cole entero, y después lo enseñó a sus papis, ellos estaban muy orgullosos. La niña, ilusionada,decidió trabajar duro para ganarse todas las estrellas que tenía su profe ¡hasta gastarlas!, colgaría sus trabajos en su habitación para conseguir una constelación de estrellas en su pared.

Efectivamente se convirtió en una gran alumna, y cada día traía una estrella nueva que poner en su cuarto. Qué orgullosa estaba, y qué bonitos lucían sus trabajos.

Un viernes soleado la profe les explicó que el invierno se acababa y llegaría la primavera, saldría un sol radiante que llenaría de flores de colores los campos. Y les pidió que dibujaran la primavera.
-"Fantástico" - pensó la pequeña- "¡me encanta!"- pero lo mejor de todo era que ¡podrían dibujar con témperas y pinceles!

miércoles, 13 de febrero de 2013

el muñeco de nieve que quería ser futbolista


Tiempo de contar un cuento...


Erase una vez un muñequito de nieve que vivía en el jardín de una familia con tres niños, a los niños y a los mayores de aquella familia les encantaba el fútbol, y cada tarde de domingo veían jugar a un equipo que vestía de blanco y lo pasaban fenomenal. El muñeco podía ver los partidos a través de la ventana, y cada día le gustaban más. Soñaba con ser uno de aquellos jugadores blancos que se dirigían a toda velocidad hacia la portería, regateaban a tres contrarios, remataban y “Goool”. Cómo le gustaría llevar uno de esos balones en los pies, recorrer el campo entero para marcar; recibir los aplausos del público, los abrazos de los compañeros, la palmadita en la espalda del entrenador…

el niño bajito que alcanza la luna

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Tiempo de fantasía...

Erase una vez un niño que era más bajito que el resto de los niños de su edad, pero estaba convencido de que algún día podría alcanzar la luna. Todo el mundo le decía: “Es imposible, la luna está muy lejos, colgada en el cielo, y nadie puede alcanzarla…” Pero él estaba maravillado con ella: con la luna llena, redonda, blanquita; era una cara alegre que le miraba desde el cielo con una gran sonrisa brillante. Cada noche la buscaba, a veces no la encontraba, pero cuando la linda carita de la luna le miraba desde el cielo observaba que le seguía todas partes. Pensaba: “¿Cómo dicen que la luna está colgada en el cielo, si ella me persigue a todas partes?”, y se imaginaba poder estar cara a cara con ella... Un día su profesora le pidió que pintara algo que le gustara mucho hacer. Él lo tenía muy claro y pintó una gran luna llena, redonda, con una sonrisa; y se pintó a sí mismo acariciando la sonrisa de la luna. Cuando sus compañeros vieron el dibujo se rieron:

Croc, el cocodrilo horticultor

Tiempo para historias...

manualidades-plátano               Érase una vez un cocodrilo que se llamaba Croc y tenía un coche rojo con forma de pimiento. El señor Croc se dedicaba a cultivar frutas y verduras en su huerta y llevarlas hasta la aldea para repartirlas entre todos los niños. Sabía que los niños necesitan comer muchas frutas y verduras todos los días para crecer fuertes y sanos ¡Era un cocodrilo muy generoso! Y los niños le querían mucho.

                Un día recolectó y llenó el carrito de su coche con plátanos, peras, manzanas, fresas, brócoli, naranjas, y otras muchas verduritas. Su carro iba repleto, y la última verdura era una gran zanahoria. Como ya no cabía nada más en el carrito, el cocodrilo decidió colgar la zanahoria en su casa, bastante alta para que otros animales no llegaran y se la comieran. Sabía que la zanahoria era especialmente buena para la vista de los niños.

la jirafa de cuello corto


Cómo las jirafas tienen el cuello tan largo...

Érase una vez hace muchos, muchos años, antes de que las jirafas tuviesen el cuello largo; una jirafa de cuello corto que comía de las ramas de un árbol solitario en mitad de la sabana. Sólo había aquel arbolito, y éste era su único sustento. En una de las ramas vivían dos parajitos que acababan de ser papás, tenían un estupendo nido para sus crías y se sentían felices de haber encontrado aquel árbol solitario donde construir su hogar.
dibujo-árbol-solitario

La jirafa cada día iba comiendo, y poco a poco iba dejando al árbol con menos ramas, hasta que una mañana se acercó a comer a la rama donde moraba la familia de pájaros. Éstos la veían acercarse con temor, si la jirafa comía su rama se quedarían sin hogar:

- ¡Jirafita, jirafita!- le gritaron- ¡ten cuidado! Llevas días comiendo de este árbol, pero si sigues destruirás nuestra casa ¿qué va a ser de nuestras crías? Ellos aún no saben volar…

- ¡Oh!- se percató la jirafa- no me había dado cuenta, lo siento… comeré del resto de ramas y respetaré esta. Así conservaréis vuestro nido.

- Muchas gracias- exclamó el papá pajarito, mientas la mamá sonreía tranquilizada.

Y así fue, pero las ramas se iban agotando y la jirafa se dio cuenta de que algún día llegaría en que no le quedara nada más que aquella rama para comer. Y efectivamente ese día llegó, y los pajaritos alarmados exclamaban:

- ¡Jirafita! Nos quedaremos sin hogar, no tendremos dónde ir ¿qué va a ser de nosotros? nuestros hijos morirán, aún no saben volar; y nosotros también porque no podemos abandonarlos.

- ¿Qué puedo yo hacer? Tendré que comer o moriré también- replicó la jirafa- ya no queda ni una sola rama a mi alcance, y no hay más árboles en este lado de la sabana…

- ¡Oh! Come las de más arriba ¡por favor!

- Es imposible ¡no llego!…- se lamentaba.

La jirafa estaba muy apenada, no quería destruir el nido de aquella familia de amables pajaritos. “¿Qué puedo hacer?”- pensaba- y empezó a tratar de estirar el cuello lo más posible para llegar a las ramas más altas. Estiraba y estiraba con gran esfuerzo; al principio solo alcanzaba las puntitas de las hojas más bajas pero se dio cuenta que su cuello poco a poco iba dando de sí… y aunque no conseguía comer tanta cantidad como de costumbre, era suficiente como para respetar la ramita de los pájaros y ella poder alimentarse para sobrevivir. Cada día que pasaba estiraba un poquito más, y un poquito más su cuello. Los pajaritos estaban maravillados, de momento conservaban su hogar. Los más chiquititos iban creciendo al mismo ritmo que se alargaba el cuello de la jirafa, poco a poco. Los papás la miraban orgullosos:

- Muchas gracias jirafita, has respetado nuestro hogar, nuestros hijos crecen felices, ¡gracias!

La jirafa estaba contenta de su logro, se convirtió en una jirafa de cuello larguísimo, que llegaba hasta lo más alto del árbol. El verano llegó y los pájaros ya estaban listos para volar:

- Gracias amiga- dijeron los papás- ahora nuestros hijitos ya vuelan, las ramas brotarán otra vez en el árbol para que puedas comer. Nosotros tenemos que partir a otro país…

La jirafa se despidió mientras sonreía orgullosa… su esfuerzo salvó a la familia de los pájaros, y además su nuevo cuello le serviría para alcanzar para siempre hasta las ramas más altas de los árboles, así nunca temería por su alimentación.

Desde entonces fue que las jirafas tienen el cuello tan largo…

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.